La división de poderes tecnológicos

Es un artículo largo, pero vale la pena.

Cuando se comenzó a vender la computadora personal en los ochenta, el mercado tenía muchos jugadores, de entre todos destacaban IBM y Apple. Los dos rivales parece que vendían lo mismo, pero no. ¿Quién ganó? En volumen, sin duda IBM que no venía solo, estaría acompañado de Microsoft e Intel, dos firmas que tocaré a lo largo de esta nota. En los tiempos de la guerra IBM vs. Apple, se impusieron las necesidades reales y más apremiantes de las empresas: contabilidad, control de procesos, etc. Para eso IBM y su sistema operativo MS-DOS eran mejores que Apple sin duda alguna. Tal vez no con el estilo ni carisma ni elegancia de la firma de Cupertino, pero se impuso el gigante de Armonk.


Como el sistema operativo que usó IBM no era propietario, sino una licencia de Microsoft, comenzaron a surgir las copias, elegantemente llamadas “clones” con todo tipo de calidades. Compaq Computer, por ejemplo, era una excelente alternativa al original y, bueno, también surgieron decenas de marcas con menos calidad y eso llevó a muchos a pensar que las “computadoras” eran una basura llena de problemas. Y aunque no era así necesariamente, sí había un grado de complejidad para poder comprar, instalar y operar una computadora personal, hasta que llegaron los ambientes gráficos: el Mac OS System 1.0 de Apple y Windows 1.0 de Microsoft.


Si quieres consultar la historia a detalle, puedes entrar aquí (en inglés). https://www.computerhistory.org/timeline/computers/


Lo que siguió durante varios años fue una batalla campal entre ambas opciones gráficas y en volumen finalmente ganaría Microsoft, comenzando con la versión 3 de Windows que fue la primera que se podía usar decentemente y que se colocaría por delante de Apple, insisto, hablo de base instalada, no de preferencias personales.


Dentro de todo este campo de batalla, siempre de los siempres el software vendió al hardware. El pretexto para comprar una computadora era poder usar VisiCalc, el precursor de Lotus 1-2-3 que a su vez fue precursor de Excel. Microsoft no tenía piedad y cuando decidía entrar en un nuevo mercado, lo hacía con todo: dinero y visión a largo plazo. Desplazó a WordPerfect, el rey de los procesadores de texto en su momento, por Word. Otro popular programa era PageMaker, el reemplazo de muchos departamentos de arte, con el que, por fin, una persona podía diseñar sus propios panfletos, logotipos, folletos, libros, etc. Eso venía de la mano de las primeras impresoras láser, que, una vez más, revolucionarían la forma de usar la tecnología. Para mencionar un ejemplo más, el famoso AutoCAD fue el generador de ventas de millones de computadoras utilizadas para la arquitectura.


Pero recorramos varios años de batalla, donde la fórmula ganadora y el monopolio absoluto lo tenía la combinación conocida como Wintel, computadoras corriendo Windows con procesadores Intel. Todo seguía desarrollándose hasta que llegaron los teléfonos celulares.

Lo que comenzó como productos PDA (Asistentes Digitales Personales) nunca tuvo mucho éxito por sus limitadas funciones y la poca o nula conectividad con la computadora, que era el epicentro de la tecnología personal. Hasta que Palm inventó el en 1996 el concepto de “HotSync” todo cambió. Por fin podíamos salir a la calle con un aparato confiable, que, en caso de perder la información, tendríamos siempre un respaldo en casa.


Luego, por supuesto, comenzaron a masificarse los teléfonos celulares simples, aquellos que servían para hablar solamente y que, con el tiempo, también se usarían para enviar y recibir mensajes cortos (SMS significa short message service). Unos años después, cuando los fabricantes de equipos de redes inalámbricas lograron ofrecer el servicio de datos móviles, comenzaría la revolución del smartphone. De forma rudimentaria y muchas veces muy lenta, era posible llevar en la bolsa un aparato que podía enviar y recibir datos a través de las redes celulares. Era algo increíble para el momento.


La historia, de hecho, es muy reciente y la seguimos construyendo todos los días. El mercado tenía diferentes apuestas en cuanto a dispositivos móviles, con varios formatos, presentaciones y funciones específicas. Hubo grandes jugadores como Nokia que llegó a dominar pero que no supo adaptarse a los cambios. BlackBerry introdujo el concepto de correo electrónico y mensajería instantánea con un pequeño teclado en el aparato, pero igual, no logró sobrevivir. Y así hay más ejemplos, pero todo cambió con el lanzamiento del teléfono celular de Apple.


En el 2007, hace apenas 13 años, la firma lanzó su arriesgado modelo de celular, el iPhone. Ya la empresa le venía colocando una letra “i” a sus computadoras, como la iMac, en donde aparentemente tenía que ver con “Internet”. Entonces, si traducimos de forma literal, sería del “teléfono de Internet”. El reproductor musical iPod vino a revolucionar no sólo la industria de reproductores portátiles, sino de la distribución musical, un logro de Steve Jobs y su persistente idea de poder vender canción por canción. Pero regresando al iPhone, su propuesta de una pantalla que respondía al tacto, el teclado virtual y un diseño más limpio que los competidores, fue un éxito inmediato en ventas sumando la capacidad de enviar y recibir datos (de forma rudimentaria con las redes EDGE) y que luego migraría a velocidades más decentes como 3G.

Apple siempre ha fabricado el hardware y programado su software. No ofrece licencias para que terceros aprovechen el código y eso la ha separado del mercado en general. Obviamente hay más empresas que entraron a competir con diferentes alternativas pero que, al final de cuentas, copiaron físicamente el modelo de iPhone: todo pantalla y sin teclado.

Google, en esos momentos ya una importante empresa de software, vecina del Silicon Valley, ofrecería la opción ideal a los demás fabricantes: el sistema operativo Android, que salió al mercado en 2008 (¡apenas hace 12 años!) y que tenía una diferencia fundamental con Apple: se podía usar libremente, sin costo, por cualquier fabricante. La simple idea de poder competir contra iPhone llamó poderosamente la atención de muchas empresas, sobre todo asiáticas, que por fin tendrían el soporte (software) para lanzar sus productos.


El desarrollo del ahora llamado iOS y Android ha sido otra gran batalla, digamos, la continuación de la vivida con las computadoras personales. Microsoft fue fulminado en el ambiente móvil y nunca logró ofrecer un producto funcional, así como Intel no logró entrar al mercado de microprocesadores para celulares.


Pero concentrándome en la batalla entre Apple y Google, lo que comenzó como una colaboración de parte de Google donde ofrecía software y funcionaba como la página de búsqueda principal del iPhone, terminaría en una guerra. Recomiendo leer este artículo https://www.theatlantic.com/technology/archive/2013/12/the-day-google-had-to-start-over-on-android/282479/ (en inglés) y si quieres tener muchos más datos y el panorama completo, el libro “Pelea de perros” https://www.amazon.com.mx/Dogfight-Google-Started-Revolution-English-ebook/dp/B00BIV1R98.


El mercado evolucionó de forma muy interesante. Los cinco principales fabricantes de teléfonos celulares en el mundo actualmente son: Samsung (coreana), Huawei (china), Apple (norteamericana), Xiaomi (china) y Oppo (china). Los números exactos para cada uno varían dependiendo de la fuente, pero en general la constante se mantiene así. Ojo, este ranking es por número de teléfonos fabricados, no por ventas ni ganacias.


Sin entrar en detalles, aunque Apple no es el principal fabricante en volumen, sin duda alguna es una de las empresas más admiraras y su valor de mercado fue el más alto durante mucho tiempo. La cantidad de dinero que gana por la venta de cada iPhone ya lo quisieran todas las demás, pero, insisto, ese es tema de otro artículo. Aquí lo interesante es lo que surge a raíz de la pelea comercial entre Estados Unidos y China.


Con Apple en su trinchera ofreciendo nuevos modelos, versiones, cámaras más potentes y un gran etcétera, sigue siendo la referencia para muchos. Sus productos de precio superior siempre han ofrecido excelente calidad y poco a poco han construido un imperio con su “ecosistema”. La mayoría de sus productos y servicios se conectan entre sí para lograr una mejor integración con el usuario. La música que escuchas en un iPhone la puedes oír en tu casa en sus bocinas, las fotos las puedes ver en cualquiera de sus dispositivos, etc.


Eso por un lado. Por el otro, la jungla de Android, que por separado no está integrada como la de Apple, tiene un par de importantes jugadores que hacen todo por competir: Samsung y Huawei. El éxito de la coreana se refleja en su amplia gama de productos, desde teléfonos básicos hasta los premium, siempre de la mano del ecosistema de Google, que no está tan integrado como Apple, pero que, al ofrecer productos de diversas categorías, abarcan más mercado.


De hecho, viéndolo objetivamente, Apple tiene entre el 15 y el 18% del mercado total de smartphones y las demás, usando Google, el resto. Pero todo dio un giro cuando hace unos meses Donald Trump, en su guerra comercial contra China, impuso fuertes restricciones a varias empresas de aquel país y en especial a Huawei. El tercer fabricante (por volumen) de celulares en el mundo, con una carrera ascendente muy exitosa se ve impedido a incluir el software del gigante de las búsquedas en sus productos.


¿Qué sucede? Que estamos viviendo una de las mayores transformaciones dentro del mercado Android. Al igual que la hegemonía Windows + Intel en los noventa, Android + Google simplemente son el estándar por volumen. Buscar en Google, localizar con Maps, el correo electrónico con Gmail, etc., son acciones que todo usuario de un celular está acostumbrado a hacer. Pero, aquí las cosas se complican por las llamadas tiendas de aplicaciones. Al estar constantemente reemplazando a la computadora personal tradicional, los celulares se vuelven el centro de la acción donde empresas y servicios como WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter y otros no podrían existir sin la versión para el celular. Pero, el gran pero, es que ya el segmento está dividido entre Apple y Android, la gran mayoría de las aplicaciones funcionan o para uno o para otro sistema. De hecho, una de las principales causas de la muerte de otras tecnologías como Windows Mobile y BlacBerry fue, precisamente, el poco interés de las grandes apps por crear versiones específicas para esos entornos operativos.


El peso específico de la tecnología de Google se pudo demostrar cuando Apple decidió dejar de usar Google Maps en sus productos. Es decir, dejó de ofrecer de forma preinstalada esa app en iPhone. Los argumentos tenían que ver con la seguridad de la información de los usuarios y, entonces, Apple lanzó Apple Maps, que, finalmente, es utilizada por mucha menos gente y en regiones muy específicas del mundo. El estándar de facto en mapas es Google maps. Aquí las cifras de 2018 de penetración de mercado en Estados Unidos:


Ahora, con el asunto de Huawei vs. el mundo, las cosas se complican y se ponen color de hormiga. Si bien los nuevos celulares de esa firma sí pueden usar Android en su versión libre (después de todo el proyecto nació como eso, software sin costo para poder usarlo y modificarlo por cualquiera) lo que no pueden usar son los servicios de Google, que, sabiamente, la firma de Mountain View ha conservado como propietarios para hacer negocio con todos los fabricantes interesados.


¿Cuál es el resultado? Que la división de celulares de Huawei está iniciando una nueva vida independiente y el camino es cuesta arriba, sobre todo por la costumbre y la gran penetración de mercado que tienen las apps y servicios de Google. Pero esto no queda ahí, incluso hay rumores que los principales fabricantes chinos planean dejar de usar en conjunto los servicios de Google, para no depender de una sola empresa y de los caprichos comerciales y dominación mundial del presidente norteamericano en turno. Francamente, lo veo casi imposible. El dejar de usar Google automáticamente te coloca en otro apartado de “no compatible” y, el camino que está siguiendo Huawei me parece acertado, pero, sin duda, les va a costar mucho tiempo, dinero y esfuerzo.


Mientras todo eso sucede, ¿qué pasa con las demás firmas? Un claro ejemplo de una que está aprovechando la situación es Samsung, que, siendo el líder mundial de mercado por volumen y uno de los principales socios (clientes) de Google, han continuado lanzando nuevos modelos con una amplia aceptación de gran parte del mercado. Ahí vienen detrás Xiaomi, Oppo, Vivo y otra gran cantidad de empresas de origen chino, pero sin duda la coreana les lleva la delantera hasta el momento.


¿Tienen todas el futuro asegurado? Vayamos por partes. Apple, sin duda. Sigue en su ecosistema gozando ser el líder y dictando tendencias. No siempre le atinan, pero sin duda han tenido muchos aciertos y el futuro para esta firma es prometedor. Aunque muchos se quejan que “ya no es lo mismo sin Steve Jobs”, la verdad es que han seguido innovando y su valor de mercado ha aumentado considerablemente desde la partida de Jobs en el 2011, cuando en ese momento la acción estaba en unos 45 dólares, hoy vale más de 300.


Por otro lado, Samsung y su alianza con Google debe rendir frutos, en un entorno más competido, pero con la tranquilidad de que sus productos si son “compatibles” con todas las aplicaciones existentes. La diversidad de modelos, desde unos muy económicos hasta los más sofisticados, su amplia cadena de distribución global y en general la excelente calidad, hacen que también tenga el futuro asegurado. Y quién sabe, igual podrían sorprender con alguna función o característica exclusiva que obtengan en conjunto con Google. Todo puede suceder.


Y luego llegamos a Huawei. El futuro es sombrío, pero no imposible. Algunos de sus modelos, por complejas reglas comerciales, sí gozan de todos los servicios de Google, pero los más recientes y premium, no. Insisten en que no se requieren los servicios de esa firma para sobrevivir, pero la realidad es que todavía no se puede. En china, donde por razones del tipo de gobierno casi todo lo extranjero está prohibido, incluyendo el software, los habitantes no extrañan a Google porque no lo conocen. Pero el resto del mundo no es igual. Huawei necesita tiempo, porque dinero tiene, pero el tiempo para lograr que las principales apps (Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, etc.) se encuentren disponibles en su sistema, está corriendo y la competencia se aprovecha. Es una guerra sin piedad.


Ahora bien, ¿por qué todavía no están esas apps en la tienda de Huawei? No lo sabemos, pero más que razones tecnológicas, yo creo que obedecen a otros asuntos de índole política.

Entonces, ¿qué pasará en el futuro? Eso sí nadie lo sabe. Pero si todo sigue como hasta ahora, Huawei podría ser el tercer ecosistema del planeta, muy lejos de Apple y Google. ¿Lo logrará fuera de China? Eso tampoco lo sabemos. Puede ser un asunto generacional, donde los nuevos usuarios aprendan a vivir sin Google y se adapten a lo que tienen. Mientras tanto, no dudo que Samsung quiera mantener su envidiable posición de líder por volumen y aumente su estrecha colaboración con Google, garantizando sus servicios por muchos años más.


Pero bueno, estamos construyendo y viviendo la historia. Este negocio es demasiado joven. Sólo han pasado 13 años del lanzamiento del smartphone que iniciaría la revolución. Los mercados cambian, la tecnología evoluciona, las preferencias de modifican, líderes políticos van y vienen, pero afortunadamente la tecnología sigue siendo el eje conductor de estos tiempos y, al final, los usuarios tenemos que salir ganando.


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